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  Psicoqabbalah 20-09-2017 12:55 (UTC)
   
 
UN DIÁLOGO ENTRE LA

PSICOLOGÍA Y LA SABIDURÍA DE LA “SANTA QABBALAH”

 

Por Pisc. Gustavo Silvera


Platón se complacía en transportar a su público a una “sala oscura”, al “antro” o lugar subterráneo y decía:

“La Luz es el pretexto de un espectáculo de sombras de donde la consciencia debe emerger.”

La Caverna era el lugar del Ta’wil, del encuentro con los interiores del alma, allí –nos decía-“se puede manifestar lo que trasciende a la razón, que está nutrida de las enciclopedias engañosas de la vulgaridad.  Reconducir algo a su origen o arquetipo atañe también a rectificarlo y prepararlo en la transmutación de los valores.” 

 

 

 

 

 

Diálogo – del Latín Diálogus…

 

Este artículo trata de establecer un diálogo[1], un puente, entre dos voces distintas (de lo contrario sería un monólogo); la del conocimiento de la Psicología Profunda y la Sabiduría de la “Santa Qabbalah”.

 

En mi vida siempre me interesó llegar a la esencia de las cosas, a su profundidad, tratando de ver “más allá…” de la realidad manifiesta.

Al encontrarme con el Tarot Thot, sus representaciones, sus símbolos y portales dimensionales, me llevaron a aprender de los Maestros de la Sabiduría Mágico Iniciática.

 

Conocí que en el pasado, los ancianos sabios leían de forma natural la fórmula alquimista de la gestación que tenía lugar en el seno de la Tierra Madre. Identificaban inmediatamente las vibraciones que les recorrían y su primera interrogante era:

 

“Quod in anima est?”

¿Cuáles son las energías en juego?

 

Tanto los Maestros Árabes en la Edad Media, los Sufís de Al-Andalus y los moros del Magreb, combinaban maravillosamente las Ciencias Alquímicas y las Artes Adivinatorias del Hombre, para encontrar el entendimiento (Binah) del pasaje sabio de su destino.

 

Nuestro saber moderno considera Ciencia y el Arte: territorios “escindidos”,  enunciaciones distantes (saber popular vs. saber científico) y muchas veces opuestas para la perspectiva dominante y hegemónica en los Siglos XIX y XX: el positivismo.  Esta “anteojera” sólo ha permitido tener en cuenta “lo objetivo” (objeto: lo situado delante,  “todo aquello que tenga sombra”) como única verdad valorada en nuestro ámbito universitario.

 

Sin embargo, la Psicología a partir de los descubrimientos del Psicoanálisis de Freud, abrió la puerta al conocimiento de un “más allá...” de la realidad del ser humano, hasta entonces conocido superficialmente.  Dio luz a los contenidos del Inconsciente: nuestros sueños, actos fallidos y síntomas.

 

Lo describió como un “lugar psíquico” particular que es preciso representarse no como una segunda conciencia, sino como un sistema que tiene contenidos, mecanismos y posiblemente una “ENERGÍA ESPECÍFICA”.

 

Se encontró, en la deducción de la Experiencia de Cura con la noción de “pulsión” como lo que está en el límite entre lo somático y lo psíquico, lo que está “más allá” de la oposición entre consciente e inconsciente.

La pulsión no puede jamás devenir objeto de conciencia y sólo se halla en el inconsciente por medio de sus representantes, esencialmente el “representante representativo”: signos: representaciones inconscientes que se hallan ordenadas en forma de fantasías, guiones imaginarios a los cuales se fija la pulsión y que son “verdaderas escenificaciones del deseo”.

 

La pulsión en la teoría freudiana es una energía sexual.  Sólo se considera por el Psicoanálisis ortodoxo, este origen.  En Jung, el concepto de “libido” se amplía hasta designar “la energía psíquica” en general, presente en todo lo que es “tendencia a” (”appetitus”).

 

Este autor expresaba que Los símbolos –representantes-representativos de las mociones inconscientes- son el medio de expresión de nuestra CONSTELACIÓN DE ARQUETIPOS e interpretarlos requiere una clase especial de pensamiento:

                Actitud Simbólica : pensamiento mitopoiético

 

Dentro de esa constelación de arquetipos se encuentran nuestros símbolos originarios que son objeto de estudio de las mal llamadas “Ciencias Ocultas” que se ocuparon históricamente de la Semiótica del Ser.

 

“En la lluvia que hace Dios descender del cielo para dar vida a la tierra que estaba muerta y repartir sobre ella todas las especies de animales, en el cambio de los vientos, y en las nubes que están suspendidas entre el cielo y la tierra, en todas las cosas, hay signos para aquellos que los comprenden.”

Qor’an, II, 164

Por ello

“Que una cosa sea o no un símbolo depende de la actitud de la conciencia que la examine.”

                                                               Freud

Y

“El sujeto es quien debe hacer que los símbolos se organicen de modo de cobrar sentido.”

                                                                           Jung

 

 

 

 

 

 

EL ÁRBOL Y EL HOMBRE

 

La Cábala es un complejo sistema de correspondencias simbólicas mediante las cuales se revelan, con el tiempo, los misterios esenciales del Hombre y el Universo, por lo que la KBL es la piedra de toque del ocultismo occidental: toda su estructura se resume en el Árbol de la Vida: éste símbolo es el que proporcionó el ansiado medio de unificar los métodos más populares de adivinación del Este y del Oeste. Es la interpretación interior de los textos sagrados: La Biblia, el Qor’án.

 

El Árbol de la Vida es un símbolo místico muy antiguo que representa la continua creación de lo material a partir de la energía amorfa.   Este acto de creación tiene lugar en 10 etapas diferentes, cada una de las cuales se denomina sefirat: número, emanación o esfera. 

 

El Árbol en términos humanos es un organismo viviente, en que cada Sefiráh equilibra a su complementaria y contribuye a la formación de un sistema totalmente integrado.  Tenemos que ver a partir de cual esfera se desarrolla un pensamiento, un sentir o una acción.  Con ayuda de éste Árbol podemos llegar a percibir el Alma.  Éste esta modelado según un diseño universal y eterno.  Ésta es la plenitud del hombre, que contiene la totalidad de la Creación, y es la imagen de Aquel que lo ha creado.

 

Existen cuatro mundos en este Árbol:

  1. ATZILUT: Emanación: ser metafísico: el Cero Cabalístico: el AIN: la Nada; el AIN SOFH: el Espacio Ilimitado; el AIN SOFH AUR: La Luz Ilimitada, de cuya contraposición surge el Punto: el Uno: Dios, de cuyas virtudes nos hablan las demás sefiras.
  2. BERIYÁH: Creación: Kéter, Hójmah y Bináh – Silencio
  3. YETZIRÁH: Formación: Hésed, Gévurah y Tiféret – Movimiento
  4. ASYÁH: Elementos de Acción: Netzáh, Hôd, Yesôd y Maljût - Prisión

 

 

Partiendo de Maljût llegaremos a Kéter que es el incógnito potencial pleno del Hombre, siguiendo la vía del retorno.

 

“La Vuelta (Vía del Retorno del Árbol de la Vida), camina hacia la inteligencia (Binah, esfera 3) que es para el Alma la libertad de sus lazos” (Plotino, discípulo de Platón). 

 

10. Maljût, en el hombre es su cuerpo físico.  Reino: elementos terrestres, células, tejidos, órganos y minerales constituyen la estructura física; elementos ácueos: sangre y fluidos corporales, vitales para el metabolismo; El aire también contribuye al ciclo energético del cuerpo; El fuego: los campos eléctricos en el interior de las células.

 

A través de ella observamos la superficie de nuestro ambiente.

 

Es el mundo físico en que el Hombre tiende a ver más los resultados que las causas, olvidando el origen de los actos, aunque dentro de la más espesa materialidad reside el Espíritu (“En Kéter está Maljût, y en Maljût está Kéter”), dispuesto a emprender el reascenso al Absoluto.

 

 

9. Yesôd, Fundamento de la percepción del universo que nos rodea, donde se forman las imágenes.  Pantalla especular que refleja y proyecta la realidad en la conciencia.  Es la “persona” ligada al Yo, que los que le rodean desean que adquiera: formar una imagen de sí mismo, un Yo artificial: lo que rechazamos y atraemos va constituyendo nuestra coraza psicológica que aprisiona o protege nuestra naturaleza esencial (6).

 

Persona: “máscara”, “personalidad”: es lo que el mundo ve, y, cuando un hombre ha perdido contacto con su sí-mismo es lo que él cree ser su verdadera naturaleza.

Para Jung La persona

La persona representa nuestra imagen pública. La palabra, obviamente, está relacionada con el término persona y personalidad y proviene del latín que significa máscara. Por tanto, la persona es la máscara que nos ponemos antes de salir al mundo externo. Aunque se inicia siendo un arquetipo, con el tiempo vamos asumiéndola, llegando a ser la parte de nosotros más distantes del inconsciente colectivo.

En su mejor presentación, constituye la “buena impresión” que todos queremos brindar al satisfacer los roles que la sociedad nos exige (Malkut). Pero, en su peor cara, puede confundirse incluso por nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza. Algunas veces llegamos a creer que realmente somos lo que pretendemos ser.

Por otra parte, Yesôd reúne toda la información procedente de los órdenes físico y psicológico y la enfoca en la forma de imágenes legibles.  En el estado de sueño desarrolla una especie de noticiario nocturno de lo ocurrido durante el día y de los problemas corrientes (restos diurnos), valiéndose de actores y escenarios provistos por otras Sefirôt.

 

En la Esquizofrenia Yesôd aparece como el Mundo Real porque la conexión con Maljût está bloqueada o cortada. 

 

En esta esfera se sitúa nuestra imagen corporal y otro rasgo no menos importante de ella, es su correspondencia con el acto sexual, determina la concepción en la unión y es también la base consciente o fundamento del renacimiento espiritual.  Es más que el acto sexual mismo pues su fuerza se encuentra tanto en la política como en el salón de Baile.

 

Esta fuente energética es esencial para la vida. 

Jung y La sombra

Por supuesto que en la teoría junguiana también hay espacio para el sexo y los instintos. Éstos forman parte de un arquetipo llamado la sombra. Deriva de un pasado pre-humano y animal, cuando nuestras preocupaciones se limitaban a sobrevivir y a la reproducción (Yesod), y cuando no éramos conscientes de nosotros como sujetos (Tiphéreth).

Sería el “lado oscuro” del Yo (del sí mismo. N.T.) y nuestra parte negativa o diabólica también se encuentra en este espacio. Esto supone que la sombra es amoral; ni buena ni mala, como en los animales. Un animal es capaz de cuidar calurosamente de su prole, al tiempo que puede ser un asesino implacable para obtener comida. Pero él no escoge ninguno de ellos. Simplemente hace lo que hace. Es “inocente”. Pero desde nuestra perspectiva humana, el mundo animal nos parece brutal, inhumano; por lo que la sombra se vuelve algo relacionado con un “basurero” de aquellas partes de nosotros que no queremos admitir.

Los símbolos de la sombra incluyen la serpiente (como en el Jardín del Edén), el dragón, los monstruos y demonios. Usualmente guarda la entrada a una cueva o a una piscina de agua, que representarían el inconsciente colectivo. La siguiente vez que sueñen que se están peleando con un luchador fortísimo, puede que simplemente ¡se esté peleando con usted mismo!

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7. Netzach, corresponde en el Ser Humano a todos los procesos involuntarios, incluyendo los del Sistema Nervioso Autónomo, provee la energía para todas las funciones vitales, desde el ritmo cardíaco hasta los procesos digestivos.  Esta esfera se manifiesta además en los procesos cíclicos externos: el instinto de atracción y repulsión entre los sexos, el flujo y reflujo de los deseos.  En Netzáh reside el Amor Instintivo (Libido) que emerge cada primavera, la fiesta que eternamente se renueva en el cuerpo de la humanidad.

Nos encontramos con la fuente proveedora de energía.  No solo mantiene la salud corporal, sino además provee la energía para Hôd, para los procesos voluntarios. 

 

8. Hod, Esplendor, raíz hebrea: Reverberación: incluye todas las operaciones sensoriales, que pueden ser dirigidas y responder o reverberar[2] a los datos sensibles.  Además de decepcionar las impresiones físicas, el Hombre está abierto al sentido que contiene el son de las palabras y de la música, las matemáticas, los símbolos y formas.  Estos estímulos requieren ser comunicados al mundo interno del organismo.  Es el control al deseo, el coto a Netas, también es la esfera de la adquisición mental o educación.

Militar: Pulsión de auto-conservación: deseo de sobrevivir (Netzáh) y adiestramiento en armas para la batalla (Hôd)

 

PARA JUNG ANIMA Y ANIMUS – LOS OPUESTOS.

El anima es el aspecto femenino presente en el inconsciente colectivo de los hombres y el animus es el aspecto masculino presente en el inconsciente colectivo de la mujer. Unidos se les conoce como syzygy. El anima puede estar representada (personificada) como una joven chica, muy espontánea e intuitiva, o como una bruja, o como la madre tierra. Usualmente se asocia con una emocionalidad profunda y con la fuerza de la vida misma (Netzach). El animus puede personificarse como un viejo sabio, un guerrero, o usualmente como un grupo de hombres, y tiende a ser lógico, muchas veces racionalista e incluso argumentativo (Hod).

El anima y el animus son los arquetipos a través de los cuales nos comunicamos con el inconsciente colectivo en general y es importante llegar a contactar con él. Es también el arquetipo responsable de nuestra vida amorosa: como sugiere un mito griego, estamos siempre buscando nuestra otra mitad; esa otra mitad que los Dioses nos quitaron, en los miembros del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a primera vista, nos hemos topado con algo que ha llenado nuestro arquetipo anima / animus particularmente bien y nos da fundamento (9) para completarlo en la realidad (10).

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6. Tiféret, la Belleza, hombre imagen de Dios, es el foco de la naturaleza esencial de un ser humano.  Se halla sobre la columna central, el eje de conciencia que fluye hacia arriba y hacia abajo entre Kéter y Maljût.  Solo el pilar del equilibrio muestra lo que el hombre es.

La naturaleza esencial de uno es lo que trae al nacer.   Es lo suyo propio, aunque participa de los reinos de lo alto y de lo bajo.

 

La naturaleza esencial no es visible en el Mundo Físico, por ello no tiene acceso a Maljût, el Reino; o en el hombre, no comunica al Cuerpo.

Tiféret, es la conciencia de sí del Hombre.  Aquí está lo que uno es, un reflejo del YO SOY. 

Es el punto del equilibrio, el perfecto centro de simetría del Árbol de la Vida.

El sí mismo de los psicólogos y filósofos está en esta sefirót.

 

Cuando uno encuentra a alguien que no ha visto desde hace 20 años, su apariencia física puede haber cambiado profundamente pero uno le reconoce incuestionablemente.  ¿Son los rasgos?, ¿los ojos? No; es otra cosa, algo enteramente personal en él y que, aun al cabo de ochenta años, seguirá siendo peculiarmente suyo.  Esa es la naturaleza esencial que irradia ese hombre. 

Esta sephîráh tiene un lugar especial.  Es un punto al cual confluyen las cosas desde todas las direcciones y de él vuelven a fluir.

Sin Tiféret, el cuerpo de Maljût sería un autómata sin alma, un mero sistema de ingeniería divina sin posibilidad de evolución.  Así Tiféret es el punto nodal del crecimiento.

 

EL “SELF” DE JUNG

El arquetipo más importante es el de self (Tiféreth) (mantendremos aquí el término “self” que “sí mismo”, por su aceptación literal en psicología de habla hispana. N.T.). El self es la unidad última de la personalidad y está simbolizado por el círculo, la cruz y las figuras mandalas que Jung halló en las pinturas. Un mandala es un dibujo que se usa en la meditación y se utiliza para desplazar el foco de atención hacia el centro de la imagen. Puede ser un trazo tan simple como una figura geométrica o tan complicado como un vitral. La personificación que mejor representa el self es Cristo y Buda; dos personas, por cierto, que representan según muchos, el logro de la perfección. Pero Jung creía que la perfección de la personalidad solamente se alcanza con la muerte (Regreso a Kéter).

 

 

NUESTRAS EMOCIONES: 5. GEVÜRÁH Y 4. HÉSED.

Corresponden en la Teoría de Freud el equivalente del SUPER-YO (5) e IDEAL DEL YO (4)

5. Gevüráh, o emoción externa, es el contrapeso en este par de opuestos del orden emocional.  Su función, a menudo definida tradicionalmente como Rigor, es juzgar en cada momento cómo se opera en los asuntos cotidianos.  Idealmente, Gevüráh ha de ser imparcial; pero ningún ser humano tiene por naturaleza esta estructura.  Se produce en ésta esfera una apreciación pasiva.  Ella recibe desde arriba la emanación de Bináh, y con ella su propio entendimiento, forma un juicio, que según la filosofía elaborada o aceptada por Bináh, puede ir de lo ortodoxo a lo excéntrico.  Aun un anarquista tiene su Bináh, de la cual hace el punto de referencia para sus juicios.  Basta observar una discusión sobre política para ver a Bináh y Gevüráh en acción.

 

En relación con Hésed, Gevüráh opera correctamente como el aspecto femenino.  Como Bináh, Gevüráh responde también al mundo exterior.  Cuando se presenta alguien nuevo uno oirá su propia Gevüráh en manifestación de una no exteriorizada crítica sobre todo lo referente a ese alguien.  Tal vez detrás de ella hay un tolerante Hésed, y, desde más arriba, una Bináh a menudo convencional, establece el trasfondo de tales opiniones.  Evidentemente aquí se trata de reacciones muy mundanas, pero para la mayoría de nosotros son las que podemos identificar fácilmente como partes diferentes de nuestra psique.  (Ver Super-Yo e Ideal del Yo en el Psicoanálisis).

 

La Gevüráh irrestricta, o sea sin el contrapeso de magnanimidad de Hésed, se torna positivamente agresiva (cualidades del planeta Marte) en lugar de agudamente receptiva.  Falta de este control, convierte a un ser humano en un mojigato, un severo disciplinario o un partidista fanático cruel. 

Pero sin embargo también esta esfera tiene una función vital para el Ser: destruye la enfermedad y la mentira.

 

4. Hésed es la emoción operante en lo interno, la cualidad de devoción que se observa en la labor de una vida, la profundidad que se experimenta tal vez en una relación amorosa, o el sentir que se alcanza en un hondo momento religioso. Representa en el Hombre un poderoso impulso creativo, el tipo de fuerza que hace que un pueblo desarrolle un hábitat, o a alguien le hace dedicar tiempo y dinero a buenas obras, cuidar con amorosa solicitud a una familia en sus necesidades, o aplicar una atención consciente a la práctica de un arte.  Es la primordial fuente emocional, la corriente subterránea a la que recurre el hombre cuando encuentra inadecuadas sus emociones habituales.  Es el lugar dónde se origina la magnanimidad y de donde procede la profundidad del sentir.

 

Hésed es el en hombre otra voz interior.  No es el juicio valorativo de Gévuráh, que constituye su cumplimiento emocional externo.  Hésed tiene las cualidades de generosidad y misericordia; pero, si no tiene contrapeso, puede desencadenar un diluvio del sentir, un amor sofocante, un benigno déspota que ve en su licencia un derecho de tolerarlo todo.  En este estado de desequilibrio, el ser humano disipa sus bienes y su salud en la total complacencia; su falta de Gevuráh, o de fortaleza de juicio, permite un completo laissez faire.  Algo menos extremo ocurre cuando Hésed está intelectualmente centrado, y en tal caso asumirá una posición radicalmente liberal.  Apelará a ideales de libertad universal y fraternidad entre los Hombres, mientras sus prójimos menos afortunados viven oprimidos por criminales que aprovechan la falta de vigilancia.

 

3. Binah, el Entendimiento, o intelecto externo.  Es una sefiráh femenina, receptiva, y responde, en modo de formulación, a la entrada activa que, del otro lado del Árbol, le proviene de Hojmáh y, desde arriba, de Kéter.  Resuelve, como intelecto interno receptivo, las comunicaciones, en forma de principios comprensibles.  Es éste un largo proceso, que a menudo lleva muchos años.  Decía Einstein: En determinado momento percibo ciertas ideas, pero debe pasar un largo período elaborándolas hasta volver a la concepción originaria.  Este factor temporal es una cualidad propia de Binah (Saturno: Cronos).  Además de recibir de lo alto, Bináh responde también al flujo procedente desde abajo.  La experiencia del mundo externo se acumula en Bináh en forma de entendimiento, y hace que un suceso observado repetidas veces se capte en términos de generalidad.  “Siempre ocurre de ese modo”, dice el intelecto externo.  En sentido constructivo, esto es útil para percibir el gran diseño del todo, pero, usado irreflexivamente, constituye un punto de vista demasiado generalizador y conservador.  Aquí vemos cómo poner todo el peso en uno de los lados del Árbol da por resultado un enfoque reaccionario si se trata de la columna pasiva, o un enfoque revolucionario, si de la activa.  Ambos son desequilibrados, de modo que debe contrapesárselos en el pilar central, el del equilibrio.  En tal caso, Bináh actúa como el contrapeso de Hojmáh y viceversa.  Una relación análoga se da todo a lo largo del Árbol, donde en cada nivel un lado equilibra al otro.  Bináh es el pensamiento reflexivo, que respalda a la inspiración, corresponde al método, al establecimiento de principios, a la visión sostenida y la apreciación de los procesos y las pautas cósmicas. 

 

2. En Hojmah, la Sabiduría, encontramos la función del Intelecto Interno.  Ésta es la parte más profunda de la mente, el centro intelectual superior, del cual emana el pensamiento silencioso. Desde esta área proceden las ideas y observaciones más profundas.  Ese centro ve con el ojo interior de la Iluminación y habla, sin palabras, como sabiduría.  Tiene una cualidad casi divina, y en verdad se halla en conexión directa con el mundo de la divinidad.  Originariamente es la impronta de ésta, y la mayoría de los humanos sólo la percibe conscientemente algunas veces a lo largo de su vida. 

 

De ésta forma teniendo las otras 9 esferas llegamos al 1. Kéter, Dios, el incógnito potencial pleno del Hombre, siguiendo la vía del retorno.

 

 

 

 

 

 

 

PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

LOS PRINCIPIOS DE JUNG

Las dinámicas del psiquismo

Vamos ahora a ocuparnos de los principios de las operaciones. Jung nos brinda tres principios. El primero de ellos es el principio de los opuestos. Cada deseo inmediatamente sugiere su opuesto. Por ejemplo, si tengo un pensamiento positivo, no puedo dejar de tener el opuesto en algún lugar de mi mente. De hecho, es un concepto bastante básico: para saber lo que es bueno debo conocer lo malo, de la misma forma que no podemos saber lo que es negro sin conocer lo blanco; o lo que es alto sin lo bajo.

Esta idea me sobrevino cuando tenía unos once años. Recuerdo que ocasionalmente me dio por salvar a muchas criaturitas inocentes del bosque que de alguna forma se habían herido (me temo que muchas veces provocándoles la muerte). Una vez intenté curar a un petirrojo, pero cuando lo alcé en mi mano, me deslumbró un halo de luz del sol y me llevé la mano a la cara. En ese momento pasó por mi mente la idea de que podía haberlo aplastado. Imagínense, no me gustaba nada la idea, pero me vino innegablemente.

De acuerdo con Jung, es la oposición la que crea el poder (o libido) del psiquismo. Es como los dos polos de una batería, o la escisión de un átomo. Es el contraste el que aporta la energía, por lo que un contraste poderoso dará lugar a una energía fuerte y un contraste débil provocará una energía pobre.

El segundo principio es el principio de equivalencia, donde la energía resultante de la oposición se distribuye equitativamente en ambos lados. Así, cuando yo sostenía a aquel pajarito en mi mano, existía una energía que me impulsaba a ayudarle; así como también otra de iguales características que me dirigía a aplastarle. Intenté ayudar al pájaro, por lo que toda esa energía se distribuyó en los variados comportamientos dirigidos a ese fin. Pero, ¿qué pasó entonces con la otra parte?

Bueno, eso depende de la actitud que uno tome con respecto a ese deseo no satisfecho. Si mantenemos ese deseo de forma consciente; es decir, que somos capaces de reconocerlo, entonces provocamos un aumento de calidad en el funcionamiento psíquico; esto es, crecemos.

Si por el contrario, pretendemos negar que este pensamiento estuvo ahí, si lo suprimimos, la energía se dirigirá hacia el desarrollo de un complejo. El complejo es un patrón de pensamientos y sentimientos suprimidos que se agrupan (que establecen una constelación) alrededor de un tema en concreto proveniente de un arquetipo. Si negamos haber tenido un pensamiento relacionado con aplastar el pájaro, podríamos poner esa idea en una de las formas ofrecidas por la sombra (nuestro “lado oscuro”). O si un hombre niega su lado emocional, su emocionalidad puede encontrar su forma de expresión dentro del arquetipo de anima.

Aquí es donde empiezan los problemas. Si pretendemos que en toda nuestra vida seamos absolutamente buenos; que ni siquiera tengamos la capacidad de mentir y engañar; de robar y matar, entonces cada vez que seamos buenos, nuestra otra parte se consolidará en un complejo alrededor de la sombra. Ese complejo empezará a tomar vida propia y te atormentará da alguna manera. Puedes verte sufriendo de pesadillas donde ¡aplastas a pequeños pájaros!

Si el complejo dura mucho tiempo, puede llegar a “poseerte” y puedes terminar con una personalidad múltiple. En la película “The Three Faces of Eve” (Las Tres Caras de Eva), Joanne Woodward daba vida a una mujer dulce y retraída que eventualmente iba descubriendo que salía a la calle los sábados en la noche, asumiendo una identidad contraria. No fumaba, y sin embargo encontraba paquetes de cigarrillos en su bolso; no bebía, más se levantaba con resaca y no flirteaba con hombres, aunque encontraba ropas en su habitación de lo más sexy. Es importante decir aquí, que a pesar de que el trastorno de personalidad múltiple es raro, cuando aparece no tiende a presentarse de una manera tan extrema, tipo blanco y negro.

El último principio es el principio de entropía, el cual establece la tendencia de los opuestos a atraerse entre sí, con el fin de disminuir la cantidad de energía vital a lo largo de la vida. Jung extrajo la idea de la física, donde la entropía se refiere a la tendencia de todos los sistemas físicos de solaparse; esto es, que toda la energía se distribuya eventualmente. Si, por ejemplo, tenemos un calentador en la esquina de una habitación, con el tiempo el salón completo se calentará.

Cuando somos jóvenes, los opuestos tienden a ser muy extremos, malgastando una gran cantidad de energía. Por ejemplo, los adolescentes tienden a exagerar las diferencias entre sexos, siendo los chicos más machos y las chicas más femeninas, por lo que su actividad sexual está investida de grandes cantidades de energía. Además, estos oscilan de un extremo a otro, siendo locos y salvajes en un momento y encontrando la religión en otro.

A medida que nos vamos haciendo mayores, la mayoría de nosotros empieza a sentirse cómodos con nuestras facetas. Somos un poco menos idealistas e ingenuos y reconocemos que somos una combinación de bueno y malo. Nos vemos menos amenazados por nuestros opuestos sexuales y nos volvemos más andróginos. Incluso, en la edad de la vejez, las mujeres y los hombres tienden a parecerse más. Este proceso de sobreponernos por encima de nuestros opuestos; el ver ambos lados de lo que somos, es llamado trascendencia y es lo que aspiramos en el proceso terapéutico.

 



[1] Dic.: Diálogo. (Del Lat. Diálogus y éste del gr. Diálogos) Plática entre dos o más personas. Discusión o trato en busca de avenencia. Diálogos: Lit. Cél. Obra de Platón en la cual se desarrollan genialmente las doctrinas de Sócrates sobre moral, estética, filosofía, política, etc. de la virtud y de lo justo.

[2] Reverberar: (del lat. Reverberare, de verberare golpear, azotar)  Reflejarse la luz en una superficie bruñida, o el sonido en una superficie que no lo absorba.  Luz que recibe un cuerpo por reflexión de otro.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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